La maldición del “Victoria”

Una de las cosas que hago de manera cotidiana, es revisar mi cuenta de Twitter. Sin duda, una de mis redes sociales favoritas, pues a pesar del odio que se esparce por allí, es un espacio liberador de ideas y generador de interminables risas, así como de uno que otro “no mames”.

Y precisamente navegando allí, vi un tweet que indicaba que el Estadio Victoria, hogar de mis exiliados Rayos del Necaxa, cumple 16 años. “Exiliados” de la Ciudad de México -entonces Distrito Federal- desde ese entonces.

Es cierto: se fueron porque, entre otras cosas, ya nadie los iba a ver al Estadio Azteca. Entre la infinidad de bromas que llego a escuchar referentes a mi equipo, una de ellas es que solo iban a ver los partidos, los familiares de los jugadores. 

Sinceramente yo creo que eso es una gran mentira, a menos que los 22 jugadores tuvieran números negativos en cuanto a sus familiares. Solíamos ser entre 15 y 20 personas en las gradas.

Pero regresando al tema del estadio en Aguascalientes, la verdad es que la directiva se lució. Un estadio muy bonito, moderno, accesible y sobre todo, con una gran vista desde prácticamente cualquier punto al interior.

Así que una de mis metas, como joven aficionado, era conocer dicho estadio. Entonces, decidido a cumplirla, acudí al nuevo hogar de los Rayos. Fue aquél entonces, por ahí del 2004 o 2005, no recuerdo con exactitud la fecha, llegué al complejo.

Mi asiento se ubicaba detrás de una de las porterías, justo donde se ubica la pantalla y lejos de las “fuentes brotantes” que “bailaban” cada que el Necaxa metía gol. Es decir, bailaban muy poco.

El primer partido de mi Necaxa, conmigo en el público en ese estadio, fue contra unos perdidos Tecos de la Universidad Autónoma de Guadalajara. En aquél entonces, Daniel “El Hachita” Ludueña aún era el gatillero de ese equipo.

Para mi mala fortuna, el Necaxa perdió uno a cero. Eso dobleteó mi espinita de ver al Necaxa triunfar, por lo que me prometí a mí mismo volver a ese estadio.

Y así fue. Volví unos años después, pero el escenario era peor: el Necaxa había descendido a la “Primera A”, ahora el “Ascenso MX”. Llegar al Estadio Victoria en un partido de temporada regular de la liga de ascenso, era peor que irlos a ver jugar en el Azteca contra el Puebla.

Desde luego que se veía más gente en la tribuna, pero porque el Estadio Victoria es mucho más pequeño que el Coloso de Santa Úrsula.

Sin embargo, ese tipo de cosas han sido una de tantas que poco o nada me han importado al ser aficionado del Necaxa. Yo estaba emocionado e ilusionado por la nueva oportunidad de ver a mis Rayos ganar.

¿Cuál fue el resultado final? El Necaxa empató a un gol contra el poderosísimo Correcaminos de la Universidad Autónoma de Tamaulipas. 

De entre lo malo, lo bueno: por lo menos pude cantar “gol” por primera vez en el Estadio Victoria.

Cero y van dos. 

Necesitaba regresar, una vez más, a ver al Necaxa a ese estadio porque yo quería, más bien necesitaba, verlos ganar un partido.

Entonces lo hice: regresé a Aguascalientes años más tarde. 

El contexto: el Necaxa había descendido por segunda ocasión. La primera vez, ascendieron en cuestión de un año, gracias al excelente trabajo de Omar Arellano. Pero poco duró el gusto porque no pasó ni un año y el Rayo ya tenía un pie de regreso en el ascenso.

El partido al que asistí fue en el ya lejano 2013; era la final de Ascenso entre Leones Negros de la Universidad de Guadalajara y mi Necaxa. Esta, era la segunda final consecutiva del Rayo, pues la anterior la habían perdido contra Toros Neza.

La ilusión, por enésima ocasión, estaba al tope: Necaxa iba un gol abajo en el global, pero se jugaba en casa, con su gente y los ánimos a tope.

El nervio comenzó cuando Leones clavó el primer gol de la noche; ya era el segundo del global.

El partido avanzó y el Necaxa pudo meter un gol que reavivó la esperanza. El canto de “Va a volver, va a volver, Rayos va a volver”, erizaba la piel.

Pero los malditos e insuficientes 90 minutos, acabaron una vez más con mi ilusión de ver al Necaxa ganar en casa. 

El resultado final fue uno a uno, dejando un global de dos a uno, lo que le daba la ventaja a Leones Negros para esperar rival en el siguiente torneo.

Primero, los Tecos de la UAG; después, Correcaminos de la UAT; por último, Leones Negros de la UDG. Los malditos universitarios.

A lo largo de los años, he tenido -y sostenido- la teoría de que cada vez que voy a ver jugar al Necaxa, no pueden ganar. 

Es como si yo fuera EL aficionado maldito.

Como dato extra para corroborar lo anterior: el último partido que jugó el Necaxa en Primera División, previo a su primer descenso, fue contra el América en el Estadio Azteca. Desde luego que lo fui a alentar.

Su misión: ganar el partido, además de que Tigres, con quien entonces competía por no descender, empatara o perdiera.

Tigres empató su partido. 

¿El Necaxa? Ni siquiera pudo meter un gol. Cayó uno a cero, en una de las peores actuaciones que le he visto desde que tengo memoria.

Hoy, todavía mantengo la ilusión de volver a Aguascalientes para verlos ganar un partido, porque cada vez que los veo jugar aquí, en la Ciudad de México, también pierden.

Pero la ilusión, como el Rayo, no se apaga.

@soy_camel