Un nuevo rumbo para los próximos seis años

Ha pasado una semana ya desde que Andrés Manuel López Obrador fue reconocido como el ganador de la elección presidencial de nuestro país; hoy, el INE ha confirmado los resultados de la elección, validando así a AMLO como el próximo presidente de México.

Luego de 12 años en campaña y tres candidaturas con distintas coaliciones y partidos, López Obrador consiguió el triunfo. Cabe señalar que no lo logró de manera sencilla, pues como lo mencioné, fueron años de lucha.

A esto, se le sumó el tremendamente bajo porcentaje de popularidad del que gozaba Enrique Peña Nieto, así como el descontento y desconfianza que la sociedad tiene –me incluyo– hacia el gobierno e instituciones.

En esta semana, el próximo presidente ha mantenido reuniones con empresarios, académicos y el propio presidente en funciones, con el objetivo claro de realizar una transición pacífica.

Contrario a lo que se creía, López Obrador se encuentra estableciendo lazos que permitan mantener al país en la estabilidad en lugar de convertirse en un caos desde el primer momento en que asuma el control del Poder Ejecutivo.

Pero el reto de AMLO es mucho más grande de lo que quizá se imagina: tiene que mejorar el país no sólo para los que votaron por él, sino que también para quienes no votaron por él.

Quienes votaron por él pusieron su confianza ciega en el tabasqueño luego de que ni Acción Nacional (PAN) ni el Revolucionario Institucional (PRI) lograran generar un país mejor para todos.

Quienes no votaron por él tendrán en la mira cada paso y suspiro que dé, ya sea para reconocerle su buen accionar o para atacar directo a la yugular por cada mal paso que dé.

Sea uno u otro, el primer paso será la reconciliación, pendiente en el que ya se encuentra trabajando y sin duda alguna, deberíamos replicar todos los demás.

Todavía hay quienes en redes sociales se encuentran peleando por haber votado por él o en su contra, en lugar de trabajar en la reconciliación propia.

Como decía, el reto enorme está ahí: luego de la reconciliación, viene la oportunidad de cambiar las cosas para bien, como tanto lo prometió durante sus campañas.

Contrario a Peña Nieto, quien tenía la misión de reinstaurar al PRI en la hegemonía, la misión de López Obrador es demostrar que tenía razón, que los males eran causados por la Mafia del Poder, por el PRIAN y por cuanto villano se le ocurría; le toca demostrar que él sí hará las cosas diferentes por el bien de todos, para acortar la brecha de la desigualdad y que sólo con él en el poder, las cosas tendrían solución.

En este espacio he aprovechado para criticar el accionar de todos, incluyéndolo a él, de quien en algún momento critiqué su carácter reaccionario e incluso lo comparé con Donald Trump.

Sin embargo, mis esperanzas de que realmente establecerá las bases para un mejor futuro, se mantienen vivas. Eso no quiere decir que se le criticará por cada paso en falso que dé.

“Juan Trump”, como lo ha llamado el presidente norteamericano, tiene en sus manos pasar a la historia como “un buen presidente” –como él mismo lo dijo– o como uno más del montón; más de lo mismo.

Yo voté por Andrés Manuel López Obrador y seré el primero que esté ahí para reclamar y exigir lo que prometió: un México en paz.

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