Mitos de la política: la obsesión por el poder, los fraudes y la democracia

La historia política de México en el siglo XX y lo que llevamos del XXI ha estado rodeada de mitos que, como tales, nunca han podido ser demostrados y/o confirmados como verdaderos, a pesar de que se mantienen como sucesos “verídicos” en el imaginario colectivo.

Llámense fraudes, golpes, asesinatos y sistemas fallidos, demos una breve revisión a lo que ha sucedido a partir de que Lázaro Cárdenas asumió el poder presidencial por un periodo de seis años, periodo de gobierno que se mantiene hasta nuestros días.

Primero lo primero: el contexto

Durante un periodo de 70 años, en nuestro país gobernó prácticamente un sólo partido, el Revolucionario Institucional (PRI); antes de llamarse PRI, fue conocido como el Partido Nacional Revolucionario (PNR), fundado por iniciativa de Plutarco Elías Calles. Después del PNR, Lázaro Cárdenas creó al Partido de la Revolución Mexicana (PRM). Fue finalmente hasta 1946 que el partido se convirtió oficialmente en el PRI, llevando en su nombre mismo una contradicción importante: la institucionalización de la revolución (¿?).

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El gobierno hegemónico de este partido duró hasta 1989, cuando perdió la gubernatura de Baja California, la cual fue ganada por el panista Ernesto Ruffo Appel.

Sin embargo, fue en 1988 cuando la credibilidad del PRI comenzó a tambalearse, luego de las elecciones federales que darían como ganador a Carlos Salinas de Gortari.

En estas elecciones tomó fuerza la idea de un “fraude electoral” debido a cómo sucedieron las cosas:

Tras revisar los primeros resultados que arrojaba la elección, uno de los candidatos opositores, Cuauhtémoc Cárdenas –hijo del ex presidente Lázaro Cárdenas–, comenzó a tomar ventaja, lo cual encendió las alarmas en el PRI.

Entonces, “se cayó el sistema”, y cuando “se reanudó”, Salinas de Gortari ya tenía ventaja sobre Cárdenas.

Para el profesor de economía de la American University, Manuel Suárez-Mier, el sistema de conteo de votos tuvo que ser desconectado debido al nerviosismo priista, que en realidad nunca tuvo porqué existir por lo siguiente: el inicio del conteo provenía de las regiones que apoyaron a Cárdenas. Todavía no se contaba el apoyo al PRI por parte de las comunidades en donde el partido tricolor tenía mayor presencia.

Es decir, cayó el sistema sin necesidad de que hubiera caído, lo cual disparó la desconfianza en el partido y en la autoridad electoral, así como la idea de un fraude electoral.

De hecho, pruebas tangibles del fraude no las hay, pero no podemos quitarnos esa idea de la cabeza.

Tal fue la desconfianza que el gobierno tuvo que desligar la autoridad electoral de su poder. En ese entonces dicha autoridad era la Comisión Federal Electoral y dependía de la Secretaría de Gobernación, lo cual permitía que el gobierno tuviera las manos encima de los procesos electorales. Pero en 1990 esto se terminó y se creó un organismo autónomo: el Instituto Federal Electoral (IFE).

Durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari ocurrió otro suceso que estuvo envuelto –hasta la fecha– en infinidad de versiones: el asesinato del candidato priista Luis Donaldo Colosio Murrieta.

El 23 de marzo de 1994 Colosio se encontraba en un mitin en Lomas Taurinas, Tijuana. Luego de terminarlo el candidato bajó de su templete para caminar por la explanada abarrotada de personas que querían saludarlo. Entonces, una persona se acercó y colocó su revólver Taurus calibre 38 a centímetros del oído derecho de Colosio y le disparó; Mario Aburto fue señalado oficialmente como el asesino del priista.

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Sin embargo, algunas teorías pretenden desmentir el hecho de que Aburto actuó sólo y se han planteado ideas de que el asesinato fue planeado por el mismo Salinas de Gortari debido al distanciamiento que Colosio pretendía tomar del régimen priista que había dominado el país durante décadas.

De nueva cuenta, nada ha sido comprobado. Aburto fue declarado culpable y asesino solitario, por lo cual se encuentra cumpliendo una sentencia de 45 años en el Centro Federal de Readaptación Social de Puente Grande, en Jalisco.

Recomendamos la lectura del libro “La tragedia de Colosio (2004)”, del historiador Héctor Aguilar Camín, ya que se trata de una novelización neutral de la información utilizada en la investigación y permite al lector sacar sus propias conclusiones.

Posterior a Salinas llegó Ernesto Zedillo para que finalmente, tras 70 años en el poder, el PRI cedió la presidencia al Partido Acción Nacional (PAN), liderado en ese entonces por Vicente Fox, ocurriendo así la primera alternancia en el Poder Ejecutivo.

Pero en el 2006, los fantasmas del fraude volvieron a aparecer en la mente de los mexicanos:

Tras una campaña intensa entre el candidato del PAN, Felipe Calderón Hinojosa, y el de la coalición Por el Bien de Todos, Andrés Manuel López Obrador, se llevaron a cabo las elecciones el 2 de julio de aquel año.

Cuando se dieron a conocer los primeros resultados López Obrador llevaba una ligera ventaja; sin embargo, luego de llevarse a cabo el Conteo Rápido, el entonces Presidente Consejero del IFE, Luis Carlos Ugalde, dio un mensaje en cadena nacional en el que señaló que no era posible anunciar a un ganador debido a la contienda tan pareja entre Calderón y López Obrador.

El tema fue que durante el conteo oficial de votos, ya con el 70% de las casillas computadas, Obrador estaba a la cabeza con 36.8% y Calderón tenía el 34.6%. Conforme el conteo avanzó, los datos cambiaron a favor de Calderón.

Finalmente, tras terminar el conteo, el IFE señaló que Calderón obtuvo el 35.91% de los votos, mientras que López Obrador obtuvo 35.29%; es decir, una diferencia de 0.62%.

Con ello, se le dio la victoria a Calderón, mientras que Andrés Manuel acusó de fraude y se dio un rompimiento con las instituciones al desacreditarlas.

De igual manera a lo que sucedió en el 88, al no haber prueba contundente alguna, la idea del fraude en la elección se mantiene en el imaginario colectivo hasta nuestros días, aún y cuando López Obrador acaba de ganar la elección presidencial actual.

Según la encuestadora Consulta Mitofsky, tras esas elecciones, uno de cada tres ciudadanos consideraba que hubo prácticas fraudulentas, lo que equivalía en ese entonces a un aproximado de 22 millones de habitantes.

Sucesos como este alimentaron la desconfianza de la población en la democracia, al menos hasta finales del año pasado, en donde únicamente el 6% de los mexicanos confiaba en la democracia, según un estudio del Pew Research Center (PRC).

Sin embargo, estos números podrían cambiar a partir de que se cumplen dos semanas de la victoria contundente de Andrés Manuel López Obrador, de quien sus seguidores esperan que las cosas cambien de fondo, se incremente la confianza en las instituciones gubernamentales, así como en las autoridades electorales, además de que los mitos o las diferentes versiones alrededor de un suceso político dejen de tergiversar la historia de nuestro país para mal.

 

TEXTO PUBLICADO ORIGINALMENTE EN MOV MAGAZINE.

 

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