La “historia oficial” no es como la pintan

Entendemos el concepto de “historia oficial” como la versión de los hechos que más se apega a la realidad y que se ha replicado con los años por los distintos gobiernos en turno.

El problema de esta versión “oficial” de nuestra historia es que, conforme han pasado los años, han salido a la luz una serie de cuestionamientos e incluso datos e información diferente que han puesto en tela de juicio lo que hemos considerado oficial, es decir: fijo e inamovible, cuando la historia es un ente cambiante.

Resulta que existen distintas versiones de los hechos que nos obligan a volver a revisar los documentos, los sucesos y el contexto de las distintas épocas para tratar de comprender nuestro pasado a través de ellos.

Son muchos los autores que han mostrado cómo la historia oficial tiene vacíos de información, verdades a medias o mitos –más o menos convenientes– que han transfigurado nuestra historia.

Por ejemplo, el politólogo José Antonio Crespo escribió el libro Contra la historia oficial con un objetivo claro: construir un país más democrático y justo con una visión de la historia que refleje lo que hemos sido y no lo que hubiéramos querido ser.

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En este libro Crespo rescata los episodios y sucesos que generalmente se han distorsionado desde la Conquista hasta la Revolución Mexicana.

Un trabajo similar a este es el que realizó el escritor Francisco Martín Moreno en su libro México engañado. El autor señala que los libros de texto de 4º y 5º de primaria vigentes en 2015 estaban plagados de mentiras, ocultamientos y verdades a medias.

Esto ha traído como consecuencia “mediocridad” y parcialidad en la enseñanza de los niños mexicanos.

Una de sus principales molestias que mostró el autor cuando publicó este libro fue que la versión de la “historia oficial” favorece al clero y a los intereses de los Estados Unidos de América.

Por ejemplo, en relación a Florida, comparemos el texto que aparece en el libro de 2015: “Además de apropiarse de las tierras que ocupaban los pueblos indígenas, el gobierno estadounidense compró el territorio de Luisiana a los franceses y arrebató la Florida a los españoles” (p. 27). ¿De acuerdo? Ahora veamos cómo se presentó el mismo hecho en el libro de 1992: “los Estados Unidos […] estaban interesados en expandirse hacia el sur. Ya habían comprado el territorio de Luisiana a los franceses. Luego adquirieron la Florida y rebasaron la frontera del caudaloso río Misisipi”. ¿Es lo mismo arrebatar que adquirir? ¿A quién creerle? ¿Cuál de los dos libros dice la verdad?

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Un ejemplo más es el trabajo del historiador Alejandro Rosas. En 2010, cuando se cumplieron 100 años del inicio de la Revolución Mexicana y 200 del inicio del movimiento de Independencia, publicó el libro Mitos de la Historia Mexicana: de Hidalgo a Zedillo, en el que señalaba que “la historia oficial impidió que los mexicanos conociéramos nuestro pasado con todos sus matices; nos presentó personajes perfectos e infalibles que enfrentaban a terribles y despiadados enemigos; caudillos que hablaban por el pueblo contra villanos que engañaban. En blanco y negro, esa fue la historia que nos contaron”.

Ejemplos sobran y mitos o verdades a medias no faltan. La pregunta entonces realmente sería: ¿por qué la historia oficial es así y a partir de cuándo se comienza a contar de este modo?

Hay quienes apuntan al origen de esta historia oficial a partir de la culminación de la Revolución Mexicana y la creación de la Secretaría de Educación Pública.

Fue a principios de la década de los años 20 cuando el entonces presidente de México, Álvaro Obregón, encargó a José Vasconcelos trabajar para rescatar al sistema educativo mexicano que se había visto sumamente afectado tras los años revolucionarios.

Entonces, en 1921, Vasconcelos creó la Secretaría de Educación Pública (SEP) para combatir la ignorancia que imperaba en el país. De este modo, uno de los pilares educativos implementados por Vasconcelos fue el impulso que recibió el “nacionalismo”.

Dicho nacionalismo surge en el siglo XIX a partir del patriotismo criollo, el cual se alimentó de un profundo rechazo hacia a los españoles (los conquistadores, los malos) y el enaltecimiento de lo indígena (los conquistados, los buenos).

Ese estigma que le hemos colocado a los conquistadores se ha mantenido hasta nuestros días, señalándolos como los malvados que acabaron con los buenos habitantes –y con todo lo bueno– de este territorio.

El problema es que hemos dejado fuera el contexto de la época, lo que sucedía con esos habitantes antes de la llegada de los españoles, e incluso perdimos de vista la esencia de “lo mexicano”: nuestro mestizaje. Imposible de entender sin tomar en cuenta la multiculturidad indígena del México antiguo, a los españoles y a otras tantas culturas ignoradas por la historia oficial.

Sobre este tema el historiador Miguel León-Portilla señaló que “cada generación repiensa, siempre, la historia. En nuestros tiempos, tanto la Conquista como la figura de Hernán Cortés [por ejemplo] han sido replanteadas, con bastante objetividad y acierto…”.

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Esta idea nacionalista se replicó en los libros de texto gratuito, los cuales son una de las fuentes de conocimiento de los estudiantes a nivel primaria; el problema se encuentra en la omisión o falta de detalle en la información de estos libros, como el propio Martín Moreno señala:

“Si comparas el primer libro de texto de Martín Luis Guzmán, que salió en el 60, durante el gobierno de López Mateos, y lo comparas con este libro, son pasos atrás, gigantescos; es instalarnos de nuevo en la era de las cavernas. Es una regresión intelectual y política, muy delicada, muy grave”.

Esta modificación en los libros o “retroceso” –como lo llama el autor– tiene que ver con los planes educativos que adecúan los gobiernos que van llegando al poder.

El mismo autor refiere que hemos dependido de los “estados de ánimo” de un solo hombre: tlatoanis, virreyes, caciques, caudillos, jefes máximos. Por ellos ha imperado una “ignorancia que permite la manipulación por parte del clero, del gobierno y de la televisión, por eso nos hemos convertido en un país de idiotas”.

Lo rescatable que tenemos hoy en día es que la historia oficial se ha puesto en tela de juicio, se analizan los contenidos de los libros de texto gratuito de la SEP y se busca profundizar en los acontecimientos que han ayudado a la construcción de nuestro país y de nuestra identidad.

Es cierto que resulta complicado revisar toda la historia, cada hecho, y luego cambiarle a la sociedad lo que ya ha aprendido; pero así como es complicado, también resulta una labor necesaria para comprender nuestra historia a cabalidad; nuestro pasado, los hechos que ayudaron a que este país naciera y cómo podemos aprovechar lo aprendido para mejorar el futuro que en infinidad de ocasiones parece marchar en dirección al ocaso.

 

TEXTO PUBLICADO ORIGINALMENTE EN MOV MAGAZINE.

 

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