Soy mexicana, amo mi país pero no quiero vivir en México

La primera vez que me apuntaron con una pistola fue a los 8 años y sigo pensando que fue mi culpa.

Mi abuela me recogía en la escuela, me daba de comer y me ayudaba a hacer tarea. Ya en la noche mi mamá pasaba por mí y me ayudaba a organizar mi mochila para el otro día. Ese día se me había olvidado el cuaderno de matemáticas con la tarea en casa de mi abuela y mi mamá y yo tuvimos que regresar. Mi mamá se bajó del coche y yo también. En eso escuché gritos y recuerdo que mi mamá me agarró la cabeza para que no la moviera mientras las dos veíamos a la puerta que ni había dado tiempo de abrir. Sentí algo metálico en la cabeza y mi mamá decía que “no, que no íbamos a voltear”. Se robaron nuestro coche por mi culpa, porque se me había olvidado la tarea de matemáticas.

Y eso fue el inicio de lo que después conocí como delincuencia en la Ciudad de México.

A mis 9 años nos cambiamos de casa porque unas personas que habían asaltado a mi papá y a mi mamá, cuando yo aún no nacía, habían salido de la cárcel. Un vecino, que quién sabe cómo se enteró, nos dijo que “sabían dónde vivíamos y nos iban a buscar”.

A los 12 un agente de lo que era la AFI (Agencia Federal de Investigación) mató a mi papá de un balazo porque le llevó café a su compañera de turno y ella era la esposa del policía.

A los 15 se metieron a robar la camioneta de mi mamá al garaje de la casa y nos volvimos a cambiar de casa.

A los 23 se metieron al depa donde vivía y se robaron todo lo de valor de nosotras y de otros cuatro departamentos. (Sí, nos volvimos a cambiar de casa.)

Soy privilegiada.

No porque sea de familia adinerada o famosa, sino porque mi mamá trabaja demasiado. Mi papá era microbusero y mi mamá estudiante de medicina. Poco a poco y sacrificando muchas cosas, entre ellas casi todos mis festivales escolares, mi mamá se ha superado económicamente: me dio escuela privada durante toda mi educación y cursos en el extranjero para aprender inglés.

La inseguridad en México y la oportunidad de vivir en otros países me ha llevado a tomar una decisión.

Hola, soy Miriam, tengo 25 años, soy mexicana, egresada del Tecnológico de Monterrey y recién graduada de una maestría en Holanda y NO QUIERO VIVIR EN MÉXICO.

Cuando digo eso mucha gente me dice “uy que mamona” o “pero si nuestro país es hermoso” o “México tiene mucho potencial”. No, no niego que el país sea hermoso y que tenga mucho potencial (tal vez si soy mamona).

Tampoco niego que existan personas a las que nunca les haya ocurrido un episodio de inseguridad en nuestra bellísima Ciudad de México. Pero si hay algo que sé es que me da miedo salir de noche, me cuido cuando salgo a la calle de que no me sigan, evito sacar mi teléfono cuando voy caminando y, en resumidas cuentas, vivo con miedo.

No sabía el nivel de miedo que tenía hasta que tuve la oportunidad de estudiar en Puebla, que por unas o por otras es una ciudad más pequeña y más segura. Todo hasta que a Mariana la secuestró un Uber saliendo de un antro, al que yo había ido, y apareció muerta en un hotel, por el que yo había pasado.

Después tuve la oportunidad de vivir en el extranjero, donde ok, no lo niego, robaban bicis y te podían “carterear” en los sitios turísticos, pero fue un año de mi vida en el que nunca tuve miedo de salir sola, de viajar sola o de ver a los ojos a alguien en la calle. Porque en México me acostumbré desde chiquita a salir con audífonos y caminar rápido.

Todo esto porque, en mi opinión, la violencia en México comienza desde el acoso. Desde que aprendí a salir siempre con audífonos para que cuando me piropearan no escuchara y así no llegar llorando a mi casa porque eran los del edificio de la esquina los que me gritaban. Porque tuve que cambiar mi ruta muchas veces, tanto a pie como en coche, porque “no vaya ser que me sigan”.

Es difícil expresar a donde va México o en donde está. Sinceramente no creo que ninguna de las cifras sobre violencia que nos dan las autoridades sean cercanamente precisas a la realidad. ¿Por qué? Porque yo, por ejemplo, sé que no se han denunciado muchos delitos. Porque la gente tiene miedo de denunciar, y porque sabemos que nuestras autoridades inmediatas están coludidas.

¿Seré mala mexicana?

Sé de los candidatos, escucho sus propuestas, pero sinceramente he perdido la esperanza. En lo personal y para mí, la solución está en la educación. Porque en mi experiencia la educación ha sido lo que me ha abierto muchas puertas. Pero, ¿qué podemos esperar si Elba Esther Gordillo está en arresto domiciliario sin mayores consecuencias por la lanota que se robó?

En ofrecer mejores servicios sociales, en especial de salud porque, de nueva cuenta en mi experiencia personal, el no tener que preocuparme por estar enferma o por necesitar medicinas me ha dado tranquilidad. Pero, ¿qué podemos esperar si Duarte y su secretario de salud, Fernando Benítez Obeso, no han recibido mayor castigo después de presuntamente, inyectar con agua salina a niños con cáncer en Veracruz?

Todo esto porque nuestro gobierno está coludido. Porque no importa de qué partido sean o a quien apoyen, están cortados con la misma tijera.

Porque los hijos de López Obrador son acusados de vivir del presupuesto de Morena y darse sus lujitos aunque juran y perjuran que si su papá llega a la presidencia no tendrán cargos públicos, pero andan de coordinadores de Morena en distintos estados.

Porque Meade fue secretario de hacienda, no una, pero dos veces, mientras funcionarios públicos se llenaban sus cuentas bancarias con dinero de los contribuyentes.

Porque Anaya “reveló” su vida de lujo y ni a él le salían las cuentas.

Definitivamente creo que el cambio está en cada uno de nosotros, que mi generación es fuerte y educada. Que los millennials tienen los objetivos muchísimo más claros que la generación anterior y que podemos cambiar a México, pero el país, a mí, me ha decepcionado y es por eso que estoy aquí, quiero trabajar aquí y me encanta mi país, pero no quiero vivir en México.

 

Miriam García Valencia

Psicóloga especialista en Psicología Económica

 

 

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