Entre la espada y la pared

Todavía manteníamos la resaca del torbellino que fue la semana pasada a nivel nacional, cuando recibimos la noticia de que la candidata a la presidencia de los Estados Unidos de América por el Partido Demócrata, Hillary Clinton, ha rechazado la invitación que le realizó Enrique Peña Nieto para venir a México.

Ahora sí, la idea “bien intencionada” por parte del presidente al invitar a los dos candidatos norteamericanos, ha resultado en un tremendo fracaso (otro más).

Y es que de por sí ya había sido una decepción el encuentro con Trump, quien humilló no sólo al presidente, sino que a los millones de mexicanos aquí y en Estados Unidos, al acuchillar por la espalda al mismo Peña Nieto con su doble discurso.

Hace unos meses, Clinton le dio una llamada de atención a Peña Nieto asegurando en una entrevista para Univisión que estaba “preocupada por la situación de los derechos humanos en México”, además de que le pidió al gobierno de Peña que tomara medidas para impedir que las fuerzas del orden mexicanas cometan actos de tortura; “no quiero que México ignore las leyes internacionales”. (http://www.univision.com/noticias/elecciones-2016/exclusiva-hillary-clinton-preocupada-por-la-tortura-en-mexico)

Hoy, la excusa de Clinton para no aceptar la invitación de Peña Nieto, es que ella quiere continuar enfocándose en lo que están haciendo para crear empleos en Estados Unidos; es decir, Clinton le dio mayor peso a su campaña luego de ver –quizá– como un golpe bajo el que Peña haya recibido en primera instancia a Trump.

El presidente de México queda todavía peor parado de lo que podríamos pensar que se encontraba, puesto que Clinton le ha dado la espalda y ahora, en caso de que gane, Peña Nieto tendrá que poner el doble de esfuerzos para balancear la relación con Hillary.

Peña se ha quedado como “el perro de las dos tortas”; humillado(s) por Donald Trump y rechazados por Hillary Clinton. 

¿Qué sigue para el presidente y para México en los dos años restantes de mandato? Algo que es muy claro es la inviabilidad de su renuncia; no creo que quedando dos años, un presidente interino pueda llegar a salvar el barco.

Por la mañana leía a Leo Zuckerman en su columna del periódico Excélsior, en donde opinaba que lo mejor que podía hacer el presidente era “resetear” su gobierno, específicamente 4 puntos:

A estas alturas del sexenio, me parece que habría cuatro prioridades. Primero, blindar la economía para que no haya una crisis de final de sexenio, lo cual implica realizar un recorte draconiano al gasto público. Segundo, asegurarse que las reformas estructurales se implementen lo mejor posible ya que éstas van a ser el legado más importante de esta administración. Tercero, mantener el orden dentro y fuera del buque gubernamental para evitar que se hunda en medio de la creciente tormenta. Y, cuarto, nombrar al candidato presidencial del PRI. (http://www.excelsior.com.mx/opinion/leo-zuckermann/2016/09/05/1114992)

El presidente no puede mantenerse otros dos años igual de incompetente y necesita reaccionar de alguna manera, porque tanto a él como al país, nos urge levantar la mano y comenzar a salir del bache en el que hemos estado cayendo constantemente durante 4 años.

@DJacobo92

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